Klaus Kinski como “él mismo”

Publicado: marzo 15, 2012 en reseñas de libros

La rebelión del conquistador vasco Lope de Aguirre se distingue por su radicalidad. Si bien Gonzalo Pizarro, Diego de Almagro y Francisco Hernández habían encabezado rebeliones importantes, Aguirre cruzó la línea de total desafío a la autoridad real. Condujo a los marañones a un viaje sin vuelta atrás: deciden desnaturalizase de España, rechazar a Felipe II y elegir un nuevo rey, el noble sevillano Fermando de Guzmán, quien será nombrado Principe de los reinos del Perú.

La película de Werner Herzog corre el riesgo de decepcionar a los lectores de Lope de Aguirre y sus marañones. Lejos de hacerse con las claves del personaje, “Aguirre, la cólera de Dios ” (1972) resulta un tanto lejana a las obsesiones que marcaron el descenso de la expedición española por el río Amazonas en 1561.

En contrapartida, la película de Herzog se hace de algunas obsesiones propias: la sed de fama, la egolatría, la desobediencia a la autoridad como un fin en sí misma. Herzog propone un viaje sicológico: Aguirre quiere eliminar el mundo que lo rodea, es una especie de ente apocalíptico; responde al tópico del ángel destructor. Su objetivo es la fundación una nueva raza. El Aguirre histórico, por el contrario, busca recuperar un mundo en que la pureza viril prima por sobre la decadencia de la segunda mitad del XVI.

A diferencia del Aguirre de Herzog, para el Aguirre histórico la riqueza era un bien menor. Aguirre abandona la expedición del Dorado para ir a conquistar Perú. Su objetivo final es restablecer un orden vulnerado por los nuevos tiempos: la conquista americana ya no es tarea de valientes conquistadores, sino de burócratas. El tiempo de las armas ha pasado, la edad heroica ha quedado atrás dando paso a un ejército de secretarios, oidores, obispos y arzobispos. Lope de Aguirre quiere recuperar el mundo de los héroes. Como sabemos, la nostralgia está asociada a un paraíso perdido.

Un elemento común entre Kinski y Aguirre es su extrema egolatría. Ambos se consideraban llamados por una fuerza superior. Conocidos son los arrebatos mesiánicos de Kinski durante el Jesus Tour; por su parte, Aguirre se sentía llamado a conducir a sus marañones hacia un especie de edén guerrero, “a través de un proceso sangriento de purificación de la sociedad colonial”, en palabras de Beatriz Pastor.

Recientemente han aparecido dos publicaciones que renuevan los estudios sobre Aguirre y los marañones: una compilación de relatos editados por Beatriz Pastor y Sergio Callau; y una edición crítica de El marañón, a cargo de Julián Díaz Torres. Ofrezco una reseña de ambas publicaciones en el siguiente enlace:

http://www.academiaeditorial.com/web/hispanismo/critica_bibliographica/

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